El silencio nutre de voces mi piel.
A veces navegan errantes a camino
del trote
y la tormenta.
Otras, se apoderan de una sonrisa
ayer anegada en lluvias,
y hoy crisálida.
Escucho los ecos de un rumor
de ciénagas y desiertos
al otro lado de este muro.
Musitan palabras de adiós.
Adiós, -ondean con su brazo
las aguas-.
Mientras las contemplo
oscilan entre el vacío
mis piernas.
Bajo luminarias oceánicas
contemplo al mar y a sus ahijados
desangrarse
en primavera.
Olvido
el rastro
de mis pisadas:
Soy dominio
de las mareas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario