martes, 10 de enero de 2012

LLUVIA EN MITAD DEL DESIERTO





A veces cae lluvia en mitad del desierto, no importa si cae en forma de piedras, arena o sequedad dispersada en sal o raíces secas, pero refresca de la misma manera que refrescan dos gotas de lluvia frente a dos gotas de tormenta.


Resulta díficil desapegarse del recuerdo cuando aún no he formulado las reglas, las maneras de catapultar el olvido con otras memorias, con la memoria de lo vivido aquí, porque aún todo resulta naciente, virgen e intacto, como esperando que lo despierten de su largo sueño.

Puede que simplemente la que este dormiendo sea yo y no quiera despertar nunca de su largo letargo, que me imponiera forzosa y casi antinaturalmente esta especie de ensimismamiento necesario después de dìsparar todas mis fuerzas, quizás con estruendosas consecuencias, este verano y parte de septiembre...

Quizás no sea tan cruel permanecer callada tanto tiempo para aprender a medirle las costuras al silencio, saber donde poner la aguja y el alfiler, la puntada y el ojal de cada sentimiento, palabra o suspiro retenido...

Qúizás no sea tal el encerramiento que yo me empeño en ver, noche tras noche, obligado y no merecido, sino sencillamente una recogida de alas, un replegar de ánimos exacerbados, un esperar callado, calmo, y denso al no sé que del después.

Después de todo, no era tan duro volver a la soledad, a mí misma, a la sana pereza de esperar las cosas ver y no agitarlas para su venida.

Pues después de tantos ánimos malgastados, en anteriores paradas y estaciones, en enraizarme o invertir mis emociones en supuestas amistades, razones para un te echo de menos o aquí estoy yo mis raíces y mi gente me doy cuenta ahora en este espacio recóndito de cuatro paredes que se llama soledad o intimidad de "urgencia" e higiene mental, que se parece más a una casa, a la Marián esencial, no a la sazonada de impaciencia o ansia como antes, no ya en verano, hablo de meses atrás, años atrás...


A pesar de a veces apretar con mayor o menor frustación las cuerdas de este destino, parece que no me agoto tan fácilmente, y me acomodo en este estado de presunta hibernación social. Lo que antes me hacía llorar en cascadas ahora me da razón a unas pocas lágrimas de un torrente efímero, pero potente; lo que antes me causaba angustia, como la soledad o la inactividad, ahora sencillamente pasa indavertido, silenciosamente, frente a mí.


Es esta una presunta hibernación social porque, aunque leves, tengo mis pequeños-necesarios-escapes-:un golpe de ironía ante la imposible comprensión auditiva de las camareras de la uni ante mi acento, un guiño de broma con los compañeros del departamento, miradas de camaredería entre los alumnos, a veces compañeros en esta línea de fuga que es aprender o viajar..., o con mi compañera Mirta, que me está enseñando mucho, y
no hablo de didáctica o materiales de lengua, sino de cómo convertir el destino propio, el de tus pasos elegidos, en una lucha hacia adelante, no una falsa huida en avance...como otras veces intenté en verano, fin de semana tras fin de semana...viajes...


El trabajo de este día a día de esta rutina adoctrinadora y domesticadora de mis instintos no es nada parecido a esos escapes infantiles de estas vacaciones u otros semejantes...se parece más al comienzo de un abismo que lleva a un posible camino o destino, plácido, rutinario, pero seguro, y tan sólo naciente, tan sólo una punta de un comienzo de un inicio de un trayecto de una vía de una ruta a un camino...


Lluvia en mitad del desierto, porque las lágrimas de ayer no sirvieron para anegarme en tristeza, sino que refrescaron nítidamente las suaves piedras que a veces se interponen en mi camino pero sin las cuales no me podría apoyar para subir o bajar en mi viaje.-


"¿PIEDRAS EN EL CAMINO? LAS GUARDO TODAS, UN DÍA CONSTRUIRÉ UN CASTILLO"

FERNANDO PESSOA.

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