martes, 10 de enero de 2012

suicidiario II

de viernes 1 de enero de 2010 de Marián
3ª temporada en el infierno
BILLETE DE IDA
El tiempo recubierto de su gélida densidad desprende sutiles gotas segundos que caen lentamente desde el mirador.
Parecía como si perdiera la noción de vacío o vértigo, dónde estaban los pies y el suelo, para nada servía, que importaba, la relación de su contacto con el abismo de 50 plantas de altura que la separaban de la tierra al suelo. Sólo el viento sólo su aullido mantenía viva su cordura.
- ¡¡Sandra!! ¡¡¡Sandraaaaaaaaa!!!
Apenas recordaba, palabras como haces de acero ametrallando su cabeza, el cuerpo retorcido de él, luchando por arrancarla de sí.
Atrás oxidadas sentenciaban el adiós las puertas del autocar; lastimosa, morosamente las ruedas comenzaban a alejarse de su deforme sombra, enfrentándose cuerpo a cuerpo contra el eco sordo de sus gritos.
Su amor ya era sólo un bulto muerto aullando a metros de distancia del asiento.
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-Llegas un poco tarde, ¿no crees?
-Quedamos en que yo te llevaría en coche, relájate. Tenemos tiempo.
-No puedo llegar después de las 5. Y sabes nuestro trato...
Intentaba tan sólo dejarse llevar, exhalaba por un momento un poco de viento, lo recogía de nuevo resoplando entre los pequeños surcos de sus dientes. Era tan dulce olvidar su nombre, su cara.
-Ves, ya hemos llegado. No estamos tan lejos, ¿no?
-No me importa la distancia.
La gran masa de agua parecía contraer la oscuridad desde hace muchos años, su opaca piel cegaba sus ojos en sus ojos.
Sujetó su rostro con sus manos, reteniendo la dirección de la caricia.
Un abrazo estéril acompañó a la sacudida del viento el primer movimiento.
Para entonces tampoco importaba el dolor y su apego a la piel, las sacudidas se ejecutaban rítmicas enfrentándose la carne, amortecida por los primeros rayos del sol; la sangre devolvía a los ojos lo poco que alimentaba de luz sus miradas hambrientas.
Se reconocieron.
-No recordaba que tuvieras una boca tan larga y tan pálida.-dijo ella.-
-No recordaba tu piel tan áspera.-dijo él.-
Silenciosos recogieron sus ropas, huyendo del otro paso a paso recorriendo los largos flancos de la playa.
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-¿Qué tal anoche?...llegaste antes de lo que imaginaba.
-Bien,....bueno, al final más agotada, tuvo que llevarme temprano.
-¿Pero bien, seguro? ¡Cuentámelo todo!
-Pues mira verás estoy aún tan aturdida tan agotada ah demasiado...
-¡Qué tía...! Escucha, si estás tan cansada descansa mejor...tendrás buena cara después...
-Ah, perfecto, me voy a dormir...ya te cuento después, chao...
-¡Chao!
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No volvieron a verse.
Sujetaba fuerte el asa de su maleta, sin dejar de ver las agujas del reloj.
Sentía la necesidad de un recuerdo.
-¡Sandra! Animáte, mujer, nos volveremos a ver dentro de nada, mujer.
-Sí, tienes razón, qué tonta soy. Se me dan tan mal las despedidas.
-Venga, dame un beso. Me marcho, ¡mi padre me espera en el coche! ¡da muchos recuerdos! ¡y cuídate...! Que ya te queda menos... Confía en tí...Lo estás llevando muy bien...
-Gracias, guapa...sin tí no podría de verdad...
-Bueno, ¡qué dices!
-No en serio, te prometo no volver a caer. Te lo prometo.
-Venga, ¡deja de prometer tonta que pierdes el bus! ¡Tú tranquila! ¡Hasta pronto!
-¡¡Hasta pronto...!!
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La vida toda su vida era demasiado corta para pasar delante de sus ojos tan sólo una vez, en el tiempo que su cuerpo descendía las 50 plantas del edificio Sandra recreó y reinventó de nuevo, como tantos años atrás, una vida que vivir y otra que soñar, sucendiéndose, interponiéndose la una a la otra lascivamente, sin guardar respeto a la memoria ni al olvido. Cuando su cara reventó contra el asfalto, sólo le quedaba su rostro, exactamente como lo recordaba el primer día.
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