martes, 10 de enero de 2012

suicidiaro

de viernes 1 de enero de 2010 de Marián
2ª Temporada en el infierno

.......

Cuento 1


Lluvia caía sobre el asfalto. Las paredes, las ventanas y los muros exhibían con una sobriedad casi militar la torpe desidia de una tarde de domingo.
El vaho de su voz, ennegrecido y espeso por la congestión nasal adhería los surcos de sus manos al cristal pegajoso aún.

- brrrr…qué frío…
-Sí. Aquí se está bien…hazme el favor, pásame esos papeles de allá.
-Sí, aquí tienes… ¿quieres algo más? Ahora vengo
-No, no te molestes,…no ….

Allí, en la cocina, la temperatura – no la del cuerpo, sino otra de más adentro - era distinta, ya era otra, más agradable.
Iba poco a poco, a cada paso, a cada tacto de cada objeto – el pomo de la puerta, el abrir de los cajones, el risrás de los cubiertos, nerviosamente enérgicos como su interior – íbase desprendiéndose poco a poco de una carga invisible que no lograba contener cuando le tenía cerca, ese frío peso muerto …

-Ya está. Toma, te gustará.
-Gracias…no tenías porque molestarte.
-Pero te gusta, ¿no?
-Sí, mucho…oye,
-¿qué?
Retuvo el tiempo con sus palabras.

Creo que eres demasiado amable conmigo. Demasiado.
Primero vino la contusión, luego el golpe; una piedra se caía a mil metros de altura sin que nadie pudiera ya detenerla.

-¿qué? No,no no no, tranquilo, no es ninguna molestia.
Sus dedos, suplicantes, engarzaban el café.
¿Qué demonios haces aquí muchacha?
¿Ahora qué?
-Tienes razón. Es tarde, te molesto. Me marcho, así podrás…
-Qué molestia, déjame explicarte, cuántas veces…
me tengo que ir, yo también estoy ocupada, ¿ves qué tarde? Mañana nos vemos, ¿vale?
-claro como quieras
-¡adiós!
-adiós…

Tras de él, ahora breve línea de espacio, sus tacones iban mordisqueando las calles mojadas. El repiqueteo iba perdiéndose en la lejanía, primero enérgico y rabioso, más allá, a lo lejos, en mansas gotas de lluvia.

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Menuda mañana, ¿cómo podría terminar el día si apenas sabía empezarlo?
Agitada, intentaba cerrar a empujones la mochila mientras apretaba entre sus labios un bolígrafo y la lista de libros que le quedaban por comprar.

Desde el primer momento de la mañana el reloj de su corazón disparaba los minutos, los segundos, la materia mensurable del tiempo se precipitaba en luces, imágenes fragmentadas, rostros fulgurantes que paseaban por la ciudad.
Parecía, quién sabe si por efecto o no del café, que todas las mañanas quisiera retar al mundo en una carrera frenética.

Su sombra, es decir, su recuerdo – que como caricia temblorosa estremecía todo su cuerpo – la perseguía todos los días desde el encuentro hasta la despedida, y se confundía entre las siluetas y los rostros desconocidos, se adueñaba de ciertos cuerpos y perfiles, amordazando sutilmente sus pasos a ciertos hombres y mujeres, jóvenes parejas que compartían su amor, tan fácil ondeaba su bandera a la mañana…
Me pregunto cómo debe de ser el después para estas personas- declara medio-susurrando- cómo…cómo creer que todo este desfile, esta gran mascarada, será real, tendrá una duración…más allá de esta mañana…


De pronto su cabeza y sus pensamientos tropezaron, sobresaltados.
-Mujer, en qué estás, no te me tragas de milagro
-¡Ay! Pero si…perdona, si es que voy medio dormida, mira, entre que tengo todas las mañanas el cuerpo al revés y entre el café y las prisas… ¡nada! ¡Que voy a matar!
-Ya ya ya ya ye veo, qué ritmo, bueno, ¿adónde vas si se puede saber?
-Pues D. a comprar unos libros , bufff, que no tengo ni para estudiar …
-Pues muy bien me vienes, precisamente yo iba a comprar unos…te acompaño.

Sus miradas se posaban impávidas en el escaparate de la librería, cualquiera hubiera tenido por aquello un deleite a la mirada salvo ellos dos.
Ya en la librería los ojos de se escapaban en un ir y venir constante- era imposible recordarle con la mirada, quieta, muerta, aunque la fijara en un punto invisible - zizzagueban,salturreaban aquí y allá en busca de un título, un nombre que añadir a su sabrosa colección de libros de poesía.

-¿Estás?
-Sí, ya está todo.
-¡Ahhh…! vaya forma de llover…bufff, poesía y días de lluvia, mala combinación.
-¡Ya echaba de menos tus toques melodramáticos!

La lluvia banhaba la ciudad en una pátina transparente, casi adolescente.
Las muchachas,empapados sus cabellos y sus faldas, atravesaban la ciudad con la ropa pegada al cuerpo- y no parecía importarles demasiado- mientras las calles, como brazos infinitos, que reflejaban el cielo abierto.

-Mmmm no me disgustan los paseos bajo la lluvia, ?y a tí?
-Buena idea. Vamos bajo esa terraza.
-Ojalá tuviera el mismo tiempo que tú para leer poesía...ufff..
- A ver...dejáme ver qué encuentro aquí..

Exhaló un suspiro de admiración, quizás de nostalgia de algo aún no aprendido...

-!Por qué todo esto nunca existirá! por qué lo sentimos más nuestro que nada, más que la piel y los huesos...
?acaso alguien puede amar así?

-Bueno, los románticos lo intentaron...y mira cómo acabaron...

-Pero , ?quién les susurró esas plabras, ? quién podían ir dirigidas?
¿y las canciones?¿de dónde sacaron las lágrimas, los lamentos, esos “aayyyyy” desgarrados que parecen arrancados del corazón…? ¿Puedes comprenderme?
¿de dónde viene ese amor, a dónde va…?
-ya sé, ya sé que te preocupa: que ni al menos a algunos de los ingenios que tanto escribieran de amor amaran realmente lo que escribieron, que ninguno supiera amar tanto como sus versos…
-sí, justo…
-sólo te diré una cosa: ¡aprende a amar antes de enamorarte de las palabras, o ellas te devorarán a ti! Quién sabe lo mucho o poco que sabemos de amor para que estas nos seduzcan…
-mmm…seducción fatal hahahah…
-ay yaa yaaaa….
-Parece que escampa… ¿te hace un cafetito?
- Ufff…imposible, mira que tenía que irme hace una hora o más…y entre cosa y cosa…
_Nada, que mis palabras te han seducido…anda muchacho…corre, que tendrás mucho que estudiar…
-Sí, …cuídate mucho…¿nos vemos mañana vale?
…..
-¿qué te pasa…? ¿¡te olvidaste de algo!?

Intentaba responderle, la mirada callada, muda, suspendida en el vacío.

-¿Eh…? No, no te preocupes, no es nada. Mañana quedamos hablamos lo de siempre niño.
Cuídatecuídate vale chao...
_ Adiós mujer…

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Se apresuró a través de las máscaras, del débil equilibrio que les sostenía, huecos de piel en medio del escenario vacío, destinados a enfrentarse con otros huecos de piel.
De repente él allí mismo a poco pasos de la puerta él que la esperaba a ella.
La observaba desde esos ojos suyos negros de dureza brillante y limpia.

-Te esperaba
-¿De verdad…? Pero si yo misma pensaba…
-Vamos acompáñame…un paseo, te invito.

Todo su cuerpo parecía abrirse en flor, las piedras comunicaban a sus pies un extraño, agradable cosquilleo, el de su pecho latiendo febrilmente.
-¿Adónde vamos? –propuso ella-
-Donde quieras.
-¡Allí!

Podría estar paseando y paseando esperando y esperando era constante la sensación de quietud y movimiento que sentía a su lado: la de estar constantemente ensayando un papel que nunca iba a interpretar, un personaje que le era desconocido.
No, ese no era su personaje.
.
- Mmmm qué bueno el chocolate…
- Sí, mucho…

Escucha

¿Sí?

-¿Llevas mucho tiempo esperando?
-Eehhh… ¿esperando a qué a ti a mí a qué no no no no no no te entiendo qué…?
-Sí, lo noté,…lo noté, lo noto aún. Esperaste…esperaste a algo así, ¿verdad?
….
…esperando a esto, a este sitio, a tí y a mí…

-¿…desde cuándo?
-Yo…yo sólo espere…, a veces me apresuro, y ya ves, las cosas no me salen tan bien…me agolpo sobre tus palabras…
-Calla, déjame continuar… ¿desde cuándo llevas así, como medio dormida…?
-¿…dormida?
-Sí, dormida. Soñando medio despierta, levantándote dos veces por la mañana y no sé cuántas veces por la noche…,Cuánto tiempo malcomiendo, colgándote y descolgándote….de mí…
-¿…no te diste cuenta de que yo sí lo sabía, que los dos lo sabíamos…?
-Nunca te guste, ¿es eso, verdad?
-Aquella noche sí. Eras distinta. Brillabas. Sonreías. Bailabas como nunca. No esperabas al amor, ¡el te perseguía!
-¿¡Y tú qué qué qué qué querías qué quieres decirme porque he tenido que tragarme tanto silencio, todo tu silencio!?
¿Qué sentido hubiera tenido para ti un “te quiero”; un “me gustas”, si no era cierto? ¿esas eras las palabras que querías oír?
Yo te tenía un cariño, un fuerte cariño…
Me odié por tantas cosas…
No puedes odiarte, no puedes tratarse así, ¿me entiendes? ¿cómo te voy a querer si no…?
….
No era necesario tanto silencio, tantas lágrimas pudriéndose allí dentro de ti. Lo sé. Lo sabes, ¿verdad?
Sí.
¿Puedes quererte ahora?
¿Me quieres?
Sólo prométeme una cosa: si es preciso que digas algo, dilo, una y otra vez, si has de amar, ama fuerte e intensamente, como nunca, como sólo se puede amar a alguien que te merece, a alguien que te ama a ti y sólo a ti…
¿Lo sientes…? ¿lo sientes tanto como yo, si si sientes lo que yo…?
Sí lo sé y lo siento…

Calla.

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El mundo sigue, quién lo iba a decir, y a veces latiendo apresuradamente como un tren en fuga, otras a pasos estancados, pero sigue.
Viaje o vida, ambos trayectos son el mismo camino, y nosotros como sus compañeros somos sus amantes terribles.
La persiana dejaba escapar débiles resquicios de luz, parpadeos que al traqueteo del tren desvelaban y a la vez le arropaban en un agradable estado de duermevela.

-Mmmm qué hora será…cuánto quedará…
Llevaba en su equipaje únicamente lo necesario: sus viejos vaqueros de guerra, dos o tres camisetas de usar y tirar, y su inseparable block-cuaderno-de-notas, en definitiva, un poco de nada y un nada de todo.
Allá lejos, muchos kilómetros atrás, dejó el equipaje más pesado, ése que no es conveniente llevar en los viajes largos, tan pesado que acaba convirtiéndose en un lastre de nosotros mismos.
-Oooooooooooooooaaaaaaaaaaaaaa- bostezó su compañera de vagón- buen día se ha levantado hoy, ¿verdad?
-Era una señora mayor pero al mismo tiempo infinitamente más joven que ella, de aspecto aventurero y fascinante.
-Sí, desde luego. ¿Cuánto quedará para llegar?
-No mucho: sólo mira la línea que perfila el mar, fíjate: es todita tal una delgadísima lengua de zafiros que bordea el cielo y la tierra, ya ves, qué maravilla…

Y era cierto: esa infantil emoción, esa espera deseada tras doce o más horas de viaje para ver el finísimo lomo del mar dibujando la silueta del horizonte siempre regresaba a ella fresca y distinta a la vez.

El Mar, ese mar, el único: en una sola mirada los ojos se abrían a todas las tonalidades del azul y parecía hundirse, perderse, flotar…para nunca volver…para siempre quedarse.

-Conoce usted este mar, ¿ya lo ha visitado antes?
-Me han llegado rumores de allá, desde la otra orilla…
-La otra orilla…
-Sí, desde atlántico, yo no soy hermana de este mar como tú.
-El atlántico brrrr ya lo recuerdo… ¿lo conoce bien?
-Claro. Conozco cada uno de sus recovecos, de sus salientes y entrantes, incluso esos minúsculos terrones que se pierden en los mapas…es bravo el mar atlántico, ¿sabes?
-Sí, ¡y muy frío!
-Hhhhahhhaha , no tanto, más bien recio a la piel diría yo.
-Ahá, o sea que ¡este mar le va a parecer calentón!
-Hhahahah chiquilla no vengo sólo por el mar…yo traigo conmigo mis leyendas acá, como tú esa destartalada maleta.
-“”Una noche, siendo yo muy joven,- él y yo teníamos unos dieciocho o diecinueve años- disfrutábamos de unas fiestas que se celebran allá en mis tierra, cómo llamáis…, mmm, ah, sí, “el solsticio de verano”, ¿la conoces?
Sí, San Juan.
-Eso es…Eran más de medianoche, y allí, ataviados solamente de la fría extensión del mar, le prometí que viajaríamos juntos lejos, sin maletas, sin puertos, sin más compañía que nosotros dos…hacia ese otro gran mar, el mediterráneo…””
¡Y aquí está usted! Pero… ¿y él?
-El siguió su vida y yo la mía…el mundo no acaba con aquel verano, el mundo no hacía más que comenzar. Él se casó, tuvo su familia y su felicidad, y mi vida, mientras tanto, ¡pues haciéndose y rehaciéndose, como siempre! ¡De los dos yo he sido la más trotamundos!
-Ha tenido usted una auténtica vida de cuento…
-Aaaa, no creas, no creo que sea tan diferente de tu historia… ¿Por qué tú también traerás una historia contigo, verdad? ¡Lo dicen tus ojos!
-¿Sí, de verdad? Ahhh, no creo, será la emoción del relato…¡o el brillo del mar que se contagia!...bueno lo cierto es que algo sí que hay por detrás de mi viaje…no se trata de una fantástica historia de amor como la suya, no, a mí me pasan cosas más pequeñitas…
-Estoy aquí por una promesa, pero no una promesa a una amante, o a un amigo, no,…no estoy aquí porque me he prometido a mí misma un poco de paz…llevo tiempo intentándome desanclar de un mal recuerdo, ¿sabe? Uno de esos que me persigue como alma en pena…No sé si me explico…
-Mmmm, tú buscas lo mismo que yo niña, y no es precisamente sentarte a mirar un mar desconocido…tú vienes aquí a mirar de frente, cara a cara a tu destino… ¿verdad? ¡tienes que saldar una deuda con tu destino! Algo dentro de ti se mueve…
-Tengo que acabar algo que dejé a medias.
-Eso es. Y creo que en eso el mar te va a ayudar, ¡verás! Siempre es buen amigo…

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Como reloj de entre sus dedos se escapaba la arena, oro y plata de aquella orilla.
El mar soplaba fuerte, con todos sus pulmones, y con toda la voz de sus pulmones, y con la voz de sus pulmones la llamaba a su regazo.

Hacía frío pero aquella noche de San Juan una espléndida luna llena templaba mar y aire.
Disuelto el sudor, las lágrimas, el flujo de tanto llanto y dolor, dejaba desprender su silueta volutas de burbujas y pequeños oleajes. El cuerpo flotaba libre, sereno, despojado ya del veneno.
Soltó amarras.

Podía sentir el latido del mundo.

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Cuento 2


Dejó el botecito de azol sobre el libro. Su corazón latía apresuradamente, cabalgando hacia dios sabe dónde.

Con esta llevaba más de quince noches sin dormir, pero de qué servían los números, las cuentas, a aquellas alturas, cuando en el calendario, ajadas y cansadas de posar rígidas las hojas de febrero, también clamaban a gritos que las arrancaran de la pared.

Lo peor de todo- y ella bien lo sabía- ¿qué especie de juego sádico era aquel? –era como Matilde rememoraba cada noche las razones perdidas, olvidadas ya, de su insomnio, como se inventaba sombras chinescas en un intento fúnebre de equilibrar su cuerpo con la oscuridad.
-Una tila, por favor.

Hacia tiempo que aquella señora de extraño aspecto y extraña edad la observaba.

-¿estás bien hija?¿estás enferma?
-Sí, sí…estoy bien.

Matilde se incorporó, entonces se dio verdadera cuenta de su posición, del espacio que ocupaba su cuerpo en aquel momento, de la rigidez que la atravesaba del talón a los hombros.
Sintió repentinamente un frío medular a sus espaldas. Los ojos atigrados de la vieja querían arrancar algo de los suyos.

-La cara enterita como la luna.

-¿Cómo dice?

-La cara enterita como la luna, ay, niña, esto no es nada bueno. La luna es una niñita muerta, ¿lo sabías? Su carita blanca brilla pero su alma está hueca…
-La luna… ¿¡qué quiere decirme, que tengo el alma muerta?!
-No, pero te está comiendo algo por dentro…No duermes ya, como ella. Mira que ella es un astro muerto, y si brilla es porque toda la noche da vueltas y vueltas hasta enseñar su carita, su carita pálida. ¿No lo entiendes?

Matilde enmudeció. La tisana se deslizó lenta y ávida por su garganta. Intentó buscar esa luna en su reflejo, en el fondo de su vaso, y no vio más que sus dos ojeras anilladas por la honda oquedad de las pupilas.

Se sumergió en su taza. Tragó los últimos sorbos gota a gota gota a gota. Se preguntaba si las doce horas de estricta, pura e inviolable soledad que le restaban del día serían tan fáciles de consumir.

A la salida del café todo era luz, todo flotaba. Se sorprendió como nada más cruzar la puerta el mundo era liviano y claro a sus pies y cedía el peso sobre sus hombros para llevarla en volandas a las calles, a las luces, al brillo que desprendían los colores en el puesto de frutas minúsculo donde un tendero minúsculo también le guiñaba un ojo o quizás el sol se colaba entre sus párpados, allí, donde presenciar el maravilloso bamboleo que aquí y allá atraía a los estudiantes siempre jóvenes o indefinidamente los mismos.
El sol picoteaba la plaza en distintas pinceladas ora pigmentos tornasolados ora madera ámbar violeta oro.
En aquel instante la vida era eso.
Era ese aquel montón de gente aparentemente inarticulado, inconscientes de su propia coreografía, de esa danza misteriosa que como aves les atrae en desbandada salvaje.
Y era cierto.
Una vivaracha bandada de jóvenes la rodeaba desde todos los flancos de la plaza. Era hora de caminar y caminar, persiguiendo la sombra de sus pasos, salpicoteando el asfalto en una figurada rayuela.
Fragmentada en miles de personas, en miles de tequieros, losientos, rostros apagados y encendidos, también contaminados por aquella corriente humana, abrazó intensamente aquel instante, en él reposaba su particular flechazo de la mañana.

Se trataba de una pareja de comediantes convertidos en estatuas, abrazados verdaderamente como dos torsos y como dos brazos de piedra. Rememoró una y mil veces escenas de amor, evidentemente soñado.

Como dos rosas se engarzaban sus labios del engranaje de sus cuerpos, del encaje de aquel beso ni el mismo viento podía derrumbarlos. Sus cuerpos parecían hechos para la eternidad, para el mismo tiempo en que sus brazos y sus labios se conocieron por primera vez. Parecía como si la carne aborreciera la presencia del vacío entre surco y surco de piel, de cabellos, de suspiros, y lucharan por conquistar su territorio.

Pura heroicidad, sentarse sobre la cima del mundo-que en aquellos segundos se trataba de los últimos escalones del palacio-y observar su música con los ojos bien despiertos. Sin torcer la mirada, intentaba rozar la suya.

A través de esa música podía poner imágenes a las imágenes: el incansable malabarista, siempre puntual a su cita, las risas bronces de las rubias Erasmus, o la voz olvidadiza de los cantautores, centauros callejeros.

Por un instante, el tiempo se rasga y tras de sus grietas aparece él. Una insinuación, un atrevimiento…o simplemente pura imaginación.

-¿Tienes papel?
-Eh…sí sí, ten… ¡ah no! Perdona, no tengo…

¡Qué estúpida!

Cualquiera…

Mediaba una distancia de notas y colores, artificiales encantos de la mañana, acompañados por el sopor del verano y el tufo de la hierba.

Se quedó sola, ella y sus ojos.

Rastreó todo el tiempo que le quedaba, las horas mismas sucedían a los pasos, los pasos a los murmullos apagados de la tarde, el gorgoteo de los pájaros a los gañidos de los gatos en celo.

Se quedó solo.

Entonces y solo entonces ella sintió como su cuerpo era bombeado por su corazón, la compañía insistente de sus latidos y el paso incipiente, moroso o agitado de su sangre en sus venas bajo su piel cerca de ese lugar.

Ahora

-Hola
-Hola
-Qué sólo está esto, ¿verdad?
-Sí, vaya.
-Oye cómo te llamas yo Matilde
-¿Cómo?
-¿Cómo te llamas?
-Andrea
-¿Eres de aquí?
-Sí, bueno, no del todo…tengo una manía mía por andar de un lado para otro..
-Oye, …tocas muy bien.
-¿Sí? Bueno, qué va, sólo es acompañamiento.
-Por qué no tocas esa de…
Los silencios de Matilde le sabían a desprecios o desintereses del otro, esta vez atizó fuerte las bridas. Era un reto, una tregua satisfactoria.
-¿Tienes algún sitio adónde ir?- aventuró ella-
-¿Y tú?
-Yo,…no creas…simplemente paseo, creo que estoy de paso por este mundo, ¿sabes?
-Conozco un rinconcito donde estar tranquilos, ven, te enseño.
Yo nunca me niego a nada para qué eso es como acuñar el camino, tragarse los guijarros del camino como cada día…
Y otra vez las risas, esas caricaturas deformes de ebriedad, unosabercuándónde…
-¿Fumas?
-…Sí, ¿Por qué no?
-Tú y yo tenemos algo en común chica

El mundo qué valí, qué valía el mundo durante esos segundos…todos los momentos de su vida cabían en aquel instante.

Materiasolidaliquida hinchableinflamable bebible haz de luz hormiguea la piedra entre mis manos no sabes no crees no pruebas lo que dios es arena lo que tienes en la boca oh flores espera atisbo busco me hundo en esos dos pozos fríos que tienes por ojos responde dime háblame Matilde habla cuéntame siempre cuenta óyeme dónde estás niño oyes dónde estás porqué no me dices nada siempre callas mudo porque nosotras consumimos nuestros silencios en soledad y ahogamos nuestros silencios en soledad y nos ahogamos en su propio vómito del resto de palabas que se me pudren se me apelmazan mi cuerpo por dentro asesinan cárcel y solas unas dulces asesinas asesinan palabras
por dentro y porqué te hablo así y porqué quizás hoy pienso que no es ni la primera ni la última noche
o mundo o dolor o hombres que esperáis impávidos la huida de sus horas pero no es tanto su sacrificio como su auxilio su suicidio diario su homicidio cotidiano comienza sabes a las nueve de la mañana y termina a las doce y poco a poco parpadea entre el viento y marea entre sábana y sábana las doce horas malditas que te quedan por respirar y vivirás y vos y tu garganta
o tallo o viola ingrávida cortada porqué dejarte marchar marchitar cómo dar el golpe de honor porqué no dormir por un tiempo cómo bucear en medio de la tormenta

ooooooooooooooooooooooooo

Y dolían. Verdaderamente dolían aquellos equilibrios de funámbula de Matilde, que jugaba a la muerte con una pequeñita navaja.
-¡¿Qué haces estás loca?!
Oye Matilde esto ya va en serio deja eso…
Deja eso…
El filo quemaba mmmmmmmmm qué dulce abrazo por fin un contacto de sus vísceras a sus vísceras.
-Estás loca joderrrr….

Volvió a sentir esa sensación de óxido en los labios, finísimo beso. Sus pupilas imaginaron ser atravesadas por una procesión de pájaros salvajes.


Diosmiodiosmíodiosmíoooooooooooooooooo

Dianas apagadas al vacío sus ojos un golpe seco contra la piedra su cuerpo.
Al despertar su cuerpo permanecía frío. Su alma entera parecía salírsele del cuerpo, buscaba otro costado, se revolvía a veces quedándose pequeña y a veces grande.

Su boca, resecas las comisuras de los labios, quedó desfigurada, abierta, besando la piedra más fría aún en un beso mudo. Del tajo mudo, sólo quedaba un mordisco, ahora descosido y violáceo.
Cuando se levantó las manecillas desaparecieron. El reloj que incansablemente marcaba sus horas murió.

Desapareció la taza vacía de tila y leche calienta secas de tanto esperar, se desvaneció la lámina de luz que atravesaba el umbral de su puerta, vigilante inseparable de todas sus noches, desapareció el sabor agrio del agua o del café de la mañana.
La sangre latía dulce hacia ya tiempo.

Andábamos sin buscarnos
Pero sabiendo que andábamos
Para encontrarnos.


Volvió a ver la música. Se tendía elástica y parpadeante, muy cerca de donde ella estaba, allí, en aquella esquina reservada a los mendigos y a las parejas de estatuas de piedra viva.
Matilde se reincorporó.

El chico, brillantes sus ojos, posó su mirada atónito en ella.

- Ehhhhhhhh, hola… ¿Estás bien chiquilla?
-¿Yo?... Sí, claro,…estoy bien.
Estoy muy bien.
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15/11/2009 14:37

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