domingo, 13 de enero de 2013

Muñeca Rota


Al cerrar los ojos
había visto desfilar
cadenas interminables de júbilo
pasajeros dispuestos a pisar el andén
antes de la última llamada

la cantinela de una sorda serenata susurrada
al calor de una llamarada apagada.

Alcanzan las notas un sonido que apenas
el oído puede tocar,
y en cada tono, y en cada movimiento
aproximan el aire a su luz.

El tiempo se reescribe con vocales invertidas
y las palabras con minutos enmudecidos.

Observa que al cerrar sus labios
se vuelven videntes los ciegos
sabios los necios
bellos los uraños

qué poco hace falta
para fingir un sueño.

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