Nació entonces.
Desnuda y bella.
Princesa entre las llamasEl hielo en el fuego
El clamor en los inviernos
Nada parecía real y a la vez
se dispersaba en niebla invisible
entre la nada
con la persitencia de un mal sueño.
Buscaba su rostro a tientas
entre las esquelas de los otros
Recordó enterrar el suyo una vez
Armadura más
entregada al mineral
de la noche
Desenradaba palabras
tejía
viles
silencios
color
de
ámbar
y
cobre
Perseguía
su
perfil
de
esfinge
socavando
las
costillas
de
cuerpos
lejanos
en lagunas
encallados.
Y sólo hoy despertó mujer.
Cuando se descorren las velas agostadas
del insomnio reconoce
de nuevo
su reflejo
sumergiendo negativos
en las cuencas de sus ojos.

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