lunes, 13 de mayo de 2013
CAE LA CENIZA.
Cae la ceniza. Veo entre mis dedos un cigarillo humeante que, como casi siempre, llega tarde a mi cenicero de pie, metálico, barnizado de oro color nicotina. Constato que es un simple hecho subjetivo y habitual, uno más, entre las muchas visiones que rescato, casi sin percatarme, de entre los espejos que me rodean.
GIANNI RODARI, GRAMÁTICA DE LA FANTASÍA.
(...) casi sin percatarme, de los espejos que me rodean. Me doy cuenta de que sus aristas reflejan la lluvia tibia que me adormece con su palpitar rítmico e inevitable. ¿Acaso puedo abrir los ojos aún o prefiero rendirme a la evidencia del apocalipsis? Cuando doy la última calada, mis labios, cenicientos, se confunden con el aguacero ácido que cubre de cenizas el escaparate. Mi cuerpo yace, expira, es atravesado por la constelación de mil diamantes tallados en sangre.
proxima_estacion_saudade.blogspot.com
final feliz
EL CABALLERO me miró amenazante. Con una sonrisa triunfante de ídolo de rock en ciernes. Se acercó para darme fuego o una excusa para aletargar el trote y concendió una pausa a su corcel.
Caí en la cuenta de que habíamos llegado al final del camino. En el horizonte, se abría una vereda fresca y de reluciente pasto. Casi sentí lástima al contaminar con el aliento del alquitrán aquella franja de paz.
Lo más extraño era percibir tras la columna de humo algo más allá del esperado castillo: una fortaleza de la forma de un buque en llamas se perfilaba como único decorado.
Las llamaradas, como luciérnagas en la noche, se sucedían histéricas en una red viciosa.
Me agarré fuerte a su mano y le dije que no se separara de mí, que jamás le perdonaría otro abandono en medio de los pasillos y senderos desquiciantes de aquella embarcación.
Apenas logré transpasar la puerta desvencijada del buque fantasma un sonido atronador me devolvió al escenario.
Uno de los focos del plató estalló como si se tratra de una burbuja de cristal en cinta. Aún recuerdo los alaridos de rabia del productor, qué ocurrencia descansar el cigarro encendido sobre el tendido eléctrico de la iluminación, loca caperucita en llamas.
domingo, 12 de mayo de 2013
NUNCA FUIMOS LOLITAS

Nunca fuimos Lolitas.
Nunca me enseñaron.
Esperabas taciturna a la salida del colegio
la caída de la tarde
acompasada por una rancia melodía
de domingo.
Conocía las inusitadas ventajas
del camuflaje grunge
Sostenía con flaqueza
el rouge à viernes de mis amigas
y con tenacidad
la cortina de mis pesadas pestañas
alicatadas en insomnios y dudosas
nociones de desamor.
Nunca, casi nunca concebí la idea de ensañarme
con ellos,
patéticos simulacros de efebos
gimiendo a puerta cerrada
las palabras
mágicas
que te transfiguraban de la nada
en mujer
o del todo en una puta.
Ahí estaba. Aquí estoy.
Tras el traje de luces
atisbo por última vez
la noche del cazador.
viernes, 19 de abril de 2013
Noviembre
NOVIEMBRE son meses que caen como desfallecen copos de nieve, hojarasca y lluvias.
Un aliento frío escapa a otro cálido, y así, en mortal y disciplinada agonía, levantaba el vuelo Sam cada mañana para acudir al encuentro de su madre, a la salida de la fábrica de tejidos donde trabajaba.
Eran más de las cinco y aún no aparecía. Sostenía su maletita gris con la esperanza de ver cesar la lluvia y reaparecer a su madre con la misma esperanza.
Espero minutos y minutos, horas que fueron sucediéndose al desaliento, mientras contemplaba como la pequeña maletita de cartón se desplomaba en un charco parduzco y cenagoso.
Despertó con los primeros rayos de la mañana. Sus ropas estaban aún húmedas pero la tenacidad del sol le obligó a levantarse y seguir con la intuición ciega de un sonámbulo, el camino que llevaba a la última línea del tranvía; camino que jamás osaba cruzar sin su madre por lo agreste de aquel paisaje que conducía a los arrabales del viejo barrio donde confluían la estación de trenes y el terminal de tranvías.
Cuando llegó por fin al cabo de la línea se dio cuenta de que el término de las vías se parecía más a una ciudad abandonada que a una parada de trenes.
Lo único perceptible en medio de aquel paraje inhóspito era una maleta de cartón intacta, réplica exacta de la que le pertenecía.
Se acercó al banco del cual se apoyaba tímidamente, y la abrió, embargado de temor y ansia.
Dentro había una foto que mostraba la imagen de un señor algo más joven que su padre al fallecer, del que podría jurar un extraño parecido consigo mismo. A su lado permanecía, sosteniéndola con su mano abierta en actidud erguida, una vieja hamaca como la que utilizaba su madre para leerle cuentos todas las noches. Pero en su lugar, no había nada más que una pequeña nota que delineaba el siguiente mensaje: ESPERÁME EN LA OTRA VÍA.
Con un estridente clamor de gas y electricidad, Sam se estremeció dejando caer la maleta y su contenido; y sin contener el aliento, vió desfilar ante sí hileras incesantes de vagones de tranvías y trenes en procesión discordante; hasta desfilar a ambos lados de las vías.
Reapareció la figura de ella, envuelta en vapores de humo y brumas, pero más bella y rejuvenecida de lo que jamás recordara, como aquella mañana en la que se despidieron en la terminal.
Le saludaba tranquila y lejana. Sam se aventuró a atravesar aquella red felina y áspera de vías en dirección a su destino.
Cuando le faltaba una leve exhalación de sus dedos para rozarla, se desvaneció de repente como la corriente de humo que la transfiguró, y en su lugar encontró la maletita con otro mensaje dentro, esta vez el único y último: NO TE DEJES ENGAÑAR SAM, RECUERDA QUE DEBES SOÑAR FUERTE ANTES DE AFERRARTE A LAS BRIDAS DEL TIEMPO.
Sintió un golpe brusco de luz en la cabeza. Al golpe de luz le sucedió una sacudida de voces y clamores que se agolpaban por despertarle de su ensimismamiento. Llevaba toda la noche allí insconciente, con los bordes del uniforme de trabajo encharcados por el fango de la lluvia. A pesar de que lo zarandeaban a uno y otro lado para que volviera en sí, no se desprendía de su intemporal maleta de colegial, ya convertida en una pasta de papel y cartón enmohecidos por la lluvia.
No era la primera vez que rehacía, a pasos sonámbulos, aquel camino de vuelta del antiguo colegio de la infancia hacia el taller donde falleció su madre, años atrás, poco después que su padre.
Otoño son compañías de ocres, y nubes pardas, y el trasiego perezoso de luces pálidas sobre otras más nacaradas, quizás para recordarnos el leve paso de la placidez a las lluvias, o quizás simplemente para despertarnos de nuestro anonadamiento.
Bajo el sutil anuncio del atardecer, la ventana dejaba escapar sus primeros y lánguidos hilos.
Apoyaba dulcemente la mano sobre su rostro, recubierto en cartoné ya ajado y ocre. Allí estaba sentada, saludándole desde el otro lado de la vía, cotidiana, pacientemente, como cada mañana en la parada del tranvía que conducía a la fábrica.
Qué hermosa, eras, madre, -se decía- papá juraba que al tomar aquella foto conseguiste borrar las vaharadas del vagón en un sólo gesto.
Posesiones
Yacíamos zenitales consagrando nuestra piel al sol. El loto de nuestros labios plegó una vez más los párpados.
¿A qué sonaba aquella canción lejana de despertar?
Apenas cerró el silencio su túnica, bajo el durazno del terciopelo, la tarde dio paso a mis manos, mientras desvanecían, ensortijadas, las colillas en mis dedos.
Algunas veces corversábamos así, cabezas desmadejadas de bóvedas y lunas, con la misma consistencia que un tigre embarcado en un tranvía llamado anochece.
Apoyábamos nuestras cabezas, a un lado laguna, del costado; oro y llanuras, y nos dejábamos embriagar por el tránsito de colores y humos que se desprendía de la trayectoria de una calada.
Muy tarde, más tarde, soñé con invadir de amnesias el sedal de mis sueños.
martes, 9 de abril de 2013
TODAS LAS ALMAS
Se ponen nombres de heroínas que desconocen,
Retratos de paraísos nunca visitadosFondos de perfil
basados en ciudades
jamás exploradas
y aún así
se hacen llamar
ciudadanos del mundo.
A mí
sólo me queda por recorrer
el territorio trazado
entre la palma de mis manos.
Hoy se agosta entre mis raíces
como un desierto ciego.
jueves, 4 de abril de 2013
OFELIA REVISITADA
El silencio nutre de voces mi piel.
A veces navegan errantes a camino
del trote
y la tormenta.
Otras, se apoderan de una sonrisa
ayer anegada en lluvias,
y hoy crisálida.
Escucho los ecos de un rumor
de ciénagas y desiertos
al otro lado de este muro.
Musitan palabras de adiós.
Adiós, -ondean con su brazo
las aguas-.
Mientras las contemplo
oscilan entre el vacío
mis piernas.
Bajo luminarias oceánicas
contemplo al mar y a sus ahijados
desangrarse
en primavera.
Olvido
el rastro
de mis pisadas:
Soy dominio
de las mareas.
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